LA CODORNIZ COMÚN (COTURNIX COTURNIX): UNA ESPECIE ENIGMATICA


A pesar de ser una especie muy popular, considerada por muchos como la “reina” de la media veda, esta pequeña galliforme presenta numerosas peculiaridades que la hacen tremendamente especial, como vamos a ver a continuación. Por otra parte, al transcurrir generalmente la mayor parte de su ciclo biológico en el interior de densos cultivos de cereales, permanece prácticamente invisible al observador, lo que conlleva que todavía a día de hoy existan muchísimas lagunas en su conocimiento.

Para empezar, podemos afirmar que una de las características que definen a la Codorniz Común es su extraordinariamente movilidad. A los conocidos movimientos migratorios (es la única fasiánida migratoria), se le unen otros movimientos menos conocidos, como son los movimientos nomádicos en búsqueda de hábitats adecuados y los movimientos que efectúan los machos en búsqueda de hembras y que hemos dado en bautizar como movimientos “Don Juan”.

Es bien sabido que la codorniz inverna en el África subsahariana (se cita en la bibliografía al ecuador como el límite de su distribución más septentrional), si bien una reducida fracción lo hace en Marruecos (10 %). Pero el movimiento primaveral que se produce desde África a Europa, donde la especie cría, ya presenta una notable singularidad: la codorniz llega a los países del Magreb a finales de enero-primeros de febrero, y allí cría previamente a la continuación de su viaje hacia Europa. Las primeras llegadas al Viejo Continente se producen, en función de la latitud y la altitud de las zonas, entre finales de marzo y finales de abril-primeros de mayo, mientras que el viaje de retorno a los cuarteles de invierno en África se produce principalmente durante finales de agosto, septiembre y octubre, aunque este período de paso se puede dilatar más en el tiempo.

Una característica propia de la codorniz, que condiciona en gran parte su vida, es el hecho de que explota de forma oportunista hábitats efímeros (principalmente campos de cereales de invierno, como trigo y cebada), que son destruidos por las labores agrícolas de siega, empacado de la paja y roturación de la tierra. Por esta razón, cuando la codorniz se queda sin hábitat, se mueve a la búsqueda de nuevos hábitats que estén en condiciones, y ello lo puede hacer tanto subiendo en latitud como en altitud, donde los campos de cultivo están mucho más retrasados. Así, podemos decir que la codorniz común tiene el oportunismo de ensamblar su ciclo biológico con el ciclo de los cereales, mucho más retrasado en rangos latitudinales norteños amplios y, dentro de rangos latitudinales estrechos, en zonas consideradas altas (más de 1000 m sobre el nivel del mar). Por poner un ejemplo, en Andalucía la codorniz llega la segunda quincena de marzo, pero a finales de mayo el cereal ya está listo para la siega. En las zonas bajas de Cataluña, la codorniz llega a finales de marzo-primeros de abril, y las abandona con la siega, que se produce a mediados de junio; sin embargo, en las zonas altas del Pirineos (1.100 m sobre el nivel del mar), la codorniz llega a primeros de mayo y se mantiene hasta primeros o mediados de agosto, ya que allí el ciclo de los cereales está más retrasado.

Por otra parte, hemos observado que, durante la época de cría, la codorniz presenta una razón de sexos muy descompensada a favor de los machos: hay casi 5 machos por cada hembra. Dado que en el nacimiento la proporción es de un macho por hembra, y que en la época de caza se ajusta bastante a la misma, resulta sorprendente este hecho. ¿Cómo puede explicarse? Pues básicamente por dos razones:

a) El cuidado parental de la codorniz es totalmente asimétrico: el macho contribuye a la reproducción únicamente con sus espermatozoides; fecundar a la hembra es su única contribución a la causa, mientras que la hembra tiene que cuidarse en solitario de la elección y construcción del nido, de la incubación de los huevos y de criar a los pollos. Ello implica que ha de permanecer en el área de cría casi dos meses, mientras que los machos tienen la libertad para moverse en búsqueda de nuevas hembras a las que fecundar.

b) Si tenemos en cuenta que el área de reproducción de la especie comienza en los países del Magreb, ya allí se iniciará una sedimentación de hembras ocupadas en las tareas de cría, que se irá acentuando a medida que ascendemos en latitud. El resultado final es el que hemos comentado anteriormente: en Cataluña, el nordeste peninsular, hay 5 machos por cada hembra durante la época de cría, como consecuencia de esta sedimentación de hembras a medida que se asciende en latitud.

Esta razón de sexos tan descompensada provoca que las hembras se constituyan como un auténtico factor limitante, lo que obliga a la mayoría de machos a efectuar movimientos en su búsqueda para poder aparearse. Por tanto, si a estos movimientos “Don Juan” llevados a cabo por los machos le unimos los movimientos nomádicos en búsqueda de hábitats adecuados y los movimientos propios de la migración primaveral, nos daremos cuenta de que, en la época de cría, la especie es tremendamente móvil. No debe sorprendernos, pues, que en un área de cría que hemos estudiado con detalle y por medio de radiotransmisores, hayamos podido observar que se produce un constante flujo de entradas y salidas de machos, lo que provoca que en 15 días o menos se renueve el 95 % de los machos.

En definitiva, si una palabra define a la especie, es ésta: movilidad. Movilidad unida a un oportunismo en la explotación de hábitats adecuados para la reproducción y que la especie ha tenido la desgracia de elegirlos muy efímeros.

Por otra parte, esta razón de sexos tan descompensada a favor de los machos, junto con el constante flujo de nuevos machos en las áreas de cría, favorece que la hembra tenga una estrategia reproductora muy atípica dentro de las aves. Así, hemos observado que el 72 % de las hembras se aparean, en un mismo intento de cría, con varios machos (dos, tres y hasta cuatro), pero de forma secuencial, no al mismo tiempo. Y, como consecuencia de ello, efectuando análisis de paternidad con ADN, hemos podido ver que en un mismo nido hay pollos de hasta tres padres diferentes. Al analizar la condición física de las parejas de una hembra determinada, hemos visto que cuando la hembra cambia de macho, su nueva pareja es de mejor condición física que la anterior, lo que concuerda con la teoría de que la hembra busca siempre los mejores genes existentes en cada momento, para maximizar las probabilidades de supervivencia de sus pollos.

A todo esto, de los machos que logran aparearse (un 60 %), la fracción con mejor condición física consigue aparearse sucesivamente con varias hembras, y mediante análisis de paternidad con ADN hemos podido observar que un mismo macho puede tener hijos con hasta tres hembras diferentes, incrementando así su eficacia biológica (medida como número de descendientes que deja a la siguiente generación).

En definitiva, como puede apreciarse con este breve bosquejo (para más detalles,ver http://www.ub.es/bioani/bioani/grups/jdrodriguez/Pagina_principal.htm), en el que hemos tocado únicamente dos aspectos de su historia natural (movimientos y sistema de apareamiento), la codorniz es una especie sumamente compleja, con una serie de características que la hacen atípica y que todavía presenta numerosos enigmas por resolver. Todo un reto que tenemos por delante.

Manuel Puigcerver Olivan
José Domingo Rodriguez Teijeiro
Dep. de Didáctica de les Ciències Experimentals i la Matemàtica
Fac. de Formació del Professorat
Univ. de Barcelona
 
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